Palabras que nunca se dicen.
Palabras que se contradicen.
Palabras que sueñan.
Palabras que desean.
Palabras que odian.
Palabras que aman.

Simplemente, palabras.


"Aroma del café recién molido; sonido del mar en las mañanas; páginas de un libro entre mis dedos; olor a tierra mojada; una tarde lluviosa; sonrisa de un niño; miradas profundas; tablas de un escenario; silencios que anidan en el tiempo".

La carta

Estimado compañero de viaje:
Luego de tantos años y de tantas hazañas compartidas, he decidido fugarme. Ya me harté del hostigamiento que he soportado de su parte. Me he enterado de un movimiento creado por un grupo contra el maltrato espiritual. He resuelto por consecuencia, unirme a dicha causa, y a recorrer el mundo en función de ella.
Pero antes de mi fuga, le notificaré los orígenes de esta decisión:

1º - A su lado nunca tuve un día libre, y no se respetaban mis horas de descanso.
2º - He soportado más de una vez el desprecio de los asiduos, sin piedad.
3º - Mi lugar de trabajo ha sido realmente inapropiado en cuanto a seguridad y limpieza.
4º - Nunca obtuve remuneración alguna por mis servicios.
5º -En cuánto a la alimentación y a la vivienda, han sido totalmente inaceptables.
Siempre he estado a los pies de todo. Escondida. Cómo si una fuera, poco menos que nada. Tolerando la curiosidad y el manoseo en medio de la oscuridad. Mientras todos esos roñosos dedos se acercaban desde arriba, yo solo pensaba aprovechar la oportunidad de ver un poco de luz. Y en medio de mi ansiedad por sentir el calor del sol, escuchaba los comentarios humillantes de quienes tanteaban mi cuerpo.
– ¡Huy, qué asco, es húmedo!
– Es áspero, me da una sensación extraña.
– ¡Esto es inmundo!
Es innumerable la cantidad de veces, que intenté retener esas manos que entraban y salían rápidamente de mi habitación, para robar unos segundos más de luz.
Hasta que por fin, usted, mi compañero, decidió añadir el arte a nuestra jornada laboral. Y no crea con esto que me parece usted un buen músico, no, no, todo lo contrario. Es que esos momentos eran los únicos, en los que gracias a mi danza con el vientre, y con el pretexto de acompañar el ritmo de su flauta, yo, ¡me sentía libre!
No sé de dónde sacaron ese mito de que nosotras somos peligrosas, ¡ya ni veneno me queda! Bueno, un poquito sí… y para que usted me tenga en su memoria, se lo dejé en la botella de vino que lo acompaña en sus almuerzos.
Con rapidez le dejo mis saludos, y espero que le haga buen provecho.
¡Salud!

Coralita

1 comentario:

Sabrina Oliver dijo...

Jaja! Muy bueno! Me encanto y sobre todo el final! 'que le haga buen provecho.